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MORIR PARA SERVIR

Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. Marcos 10:45.

Nació para morir. Vivió a la sombra de la cruz. En todo momento sabía que se dirigía al Calvario. Era consciente de su misión. Había venido al mundo con el fi n de dar su vida en rescate por muchos. Jamás la mente humana podrá entenderlo; la eternidad no será sufi ciente para contemplar la dimensión de su amor. El Rey del universo, adorado y servido por millones y millones de ángeles, renunció a su Trono y vino a este mundo.

Nació en un pesebre, porque la raza a la cual había ido a servir ni siquiera se molestó en brindarle un rincón cualquiera para que naciera.

Desde el inicio de su ministerio, su vida fue de servicio. Curó leprosos, cuando nadie se atrevía siquiera a aproximarse a ellos; encontró ciegos y, con el toque maravilloso de sus manos, les devolvió la visión; buscó a los desesperados, rechazados e indignos, y les devolvió la dignidad. Jamás le importó si sus enemigos lo acusaban de juntarse con los pecadores. A fi n de cuentas, era por ellos que lo había dejado todo allá, en el cielo, y había descendido a esta tierra de humillación y de pecado.

Anduvo por las calles polvorientas de Galilea en busca de la oveja perdida. Cuanto más ella corría, tanto más él la buscaba. En ningún momento tomó el hecho de ser Dios como cosa a la cual aferrarse, sino que se despojó de sí mismo y aceptó la muerte de cruz, afi rma Pablo.

Finalmente, llegó el día para el cual había venido a la tierra. El momento supremo; la hora crucial en que el amor y el dolor se abrazarían; el instante del sacrificio mayor, de la entrega infi nita. El Rey de reyes y Señor de los señores, Creador del universo y dueño absoluto de cielos y tierra, descendería a los niveles más profundos de la humillación. Sería clavado como un paria, en una cruz reservada para los peores delincuentes. Pagaría de este modo el precio de la redención humana; lo pagaría con su sangre. Rescataría al hombre del poder de la muerte. Lo traería hacia la dimensión de la vida.

Que el sacrifi cio de Jesús en tu favor inspire tus acciones hoy. Sirve, entrégate, dónate. Es la única forma de vencer al imperio de la muerte. Porque: “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”.
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Juicios Insondables

Mayo 24
Juicios insondables


¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuan insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Romanos 11:33.


La noche estaba oscura, en medio del desierto. El aullido de los chacales la volvía más tétrica y asustadora. Tres jinetes cabalgaban en silencio, apro­vechando que el sol dormía. Caminar durante el día sería suicidio; nadie podía soportar las inclemencias del calor.


Al llegar al lecho seco de un río, el guía les ordenó: ¡Alto! Los tres jinetes obedecieron al instante. Habían prometido al guía que lo obedecerían en todo, aunque las órdenes fuesen, en apariencia, sin sentido.

A pesar del cansancio, los jinetes bajaron de los caballos y colocaron pe­dregullo en sus bolsos, conforme a la orden del guía. ¿Para qué?, pregunta­ban en su corazón; ¿por qué no aprovechamos la noche para avanzar?
Continuaron el viaje descontentos, refunfuñando en su interior; mo­lestos con las órdenes incoherentes del extraño beduino. En medio de las sombras, se escuchó la voz del hombre del desierto: "Mañana, al salir el sol, ustedes estarán felices y, al mismo tiempo, tristes". Y desapareció.

Ellos avanzaron solos, extenuados por el viaje agotador; dos de ellos, in­clusive, arrojaron algunos pedregullos al ver que el guía no los acompañaba. Las horas pasaron. El sol salió, esplendoroso y brillante. Era hora de dete­nerse y descansar. Pero antes, metieron las manos en el bolsillo, para ver el pedregullo, y ¡no podían creer lo que veían! Eran diamantes de mucho valor: ¡eran ricos! Pero inmediatamente la tristeza se apoderó del corazón. ¿Por qué no habían recogido más? ¿Por qué no aceptaron las órdenes del guía, sin reclamar?
La vida es así. Caminamos en el desierto de un mundo lleno de tinieblas, y no podemos ver lo que encontramos en el camino. Cuántas veces pen­samos que Dios nos abandonó o que no le importan nuestros problemas. Cuántas veces discutimos sus maravillosos designios. Vez tras vez, incluso, pensamos que es injusto al permitir que el dolor llegue a nuestra vida.

Pero, el sol del día eterno llegará, cuando Jesús aparezca en las nubes de los cielos; y ese día entenderemos que el pedregullo que cargamos eran los diamantes más preciosos.

Comienza este día con la determinación de aceptar los planes divinos, sin discutir ni protestar. Di, como Pablo: "¡Oh, profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuan insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!"

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Un sueño

Mayo 23
Un sueño


Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Génesis 37:5.



La historia de José es una historia de sueños. La Biblia lo llama "José, el soñador". El centro de sus sueños era Dios. Aquella tarde, cuando sus hermanos lo vendieron y fue llevado a Egipto, una tierra distante, miró por última vez desde la colina hacia las tiendas de su padre, e hizo una promesa a Dios: "Señor, no sé adonde voy ni adonde me llevan; pero, pase lo que pase, cueste lo que costare, nunca dejaré de amarte. 

Las personas pueden quitarme la libertad, pueden intentar acabar con mis sueños, pueden arran­carme los brazos, las piernas, e incluso alejarme de mi familia. Voy a un país donde no tengo amigos, y nadie me conoce. Voy como esclavo; tal vez, para comenzar lavando platos y limpiando baños. Pero voy contigo y, pase lo que pasare, nunca dejaré de amarte". El amor de Cristo inspiró la vida de José lodos los días. Fue vendido como esclavo, y se mantuvo fiel frente a las más audaces tentaciones. Y ¿cuál fue la recompensa que recibió por su fidelidad? La prisión.

En este mundo, no siempre tu fidelidad va a traerte, como recompensa, el cielo. En esta tierra, a veces, la fidelidad va a traerte hambre, pobreza, renuncia, y hasta el desprecio de tus amigos. No te preocupes. Si Jesús está contigo, si le has entregado la vida a Cristo, vayas a donde vayas, el Señor irá contigo. Y desde la prisión, desde la mazmorra, desde la desgracia, te va a levantar y te va a convertir en un príncipe, porque tú eres hijo del Reino; has nacido para serlo y, finalmente, llegarás a serlo.

José es el hombre que nunca dejó de amar a Dios. Por su amor a Dios, descendió a las profundidades del dolor y del sufrimiento; pero, también, fue levantado de allí, hasta las cumbres más elevadas. Llegó a ser el segundo hombre más poderoso de Egipto, una nación pagana.

Si tú luchas en busca de un futuro mejor, amas a Jesús y nunca te apar­taste de su amor, y pese a eso, parece que todo te va mal; si, no obstante, mantienes tu amor y tu fidelidad por Cristo, créeme que Dios te va a colocar en los lugares más altos.

Haz de este un día de sueños; que el más grande de todos sea permanecer fiel a Dios hasta el fin, a pesar de la incomprensión de tus hermanos. Porque "soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía".

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La buena voluntad de Dios

Mayo 22
La buena voluntad de Dios


No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2.

Cómo sería tu vida si fuese solo el cumplimiento de la voluntad de Dios? ¿Dónde estarías, si siempre hubieses cumplido la voluntad de Dios? El texto de hoy afirma que la voluntad de Dios, para ti, es agradable y perfecta.

El apóstol Juan lo dice de otra manera: "Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma". Prosperidad en todas las cosas, no solo en la vida espiritual. Dios desea lo mejor de lo mejor, para ti: esa es la voluntad "agradable y perfecta" del Señor. Pero, eso no se cumple en tu vida por acaso; existe una condición para el cumplimiento de esta promesa. Y la condición es: "No te conformes con la manera de pensar de las personas que viven en estos días, sino renuévate por el conocimiento de la Palabra de Dios". El resultado es que comprobarás la buena voluntad de Dios para ti.

La palabra "comprobar", en el griego, es dokimazo, que tiene la conno­tación de hacer suyo un concepto, después de haberlo analizado. ¿Quieres saber cuál es la voluntad agradable y perfecta de Dios para tu vida? ¿Quieres que esa voluntad se haga una realidad en tu experiencia? Necesitas renovar­te. No puedes acomodarte a la manera de pensar de los seres humanos.

La mayoría de las personas de nuestro tiempo considera a Dios un de­talle sin mucha importancia. El "dios energía" está de moda, porque no de­manda compromiso; a la energía tú la usas y, cuando no la necesitas más, la descartas. Pero, Dios no es simple energía, es una Persona. Y con una perso­na tienes que relacionarte con compromiso. Necesita estar presente en tus decisiones, proyectos y planes.

Hoy es una oportunidad de conocer la agradable y perfecta voluntad de Dios para ti. Por eso, no salgas de tu casa sin la seguridad de que has renova­do tu manera de pensar mediante el estudio y la meditación de la Palabra de Dios. Si lo haces, ciertamente hoy será un día de victoria, y las cosas que, apa­rentemente, se presentaban sin solución serán superadas, porque una cosa es luchar solo y otra, completamente diferente, es luchar sabiendo que Jesús está a tu lado. "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta".

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Creer más y más

Mayo 21
Crecer más y más


Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. 1 Tesalonicenses 4:1.

El crecimiento es la ley de una vida saludable. El día que dejas de crecer es­tás condenado a muerte. Pero, el crecimiento implica dolor. Tal vez por eso, mucha gente se resiste a crecer. Prefiere acomodarse, y vive sin enfrentar desafíos, sin escalar las montañas de la vida.

En el versículo de hoy, el apóstol Pablo habla de crecimiento en la vida espiritual. El primer paso del crecimiento es el aprendizaje: "De la manera como aprendisteis", indica Pablo. A su vez, el primer paso del aprendizaje es la ignorancia, no en el sentido de torpeza, sino en el de reconocer que no sabes.

En la vida cristiana, esto te lleva a la Palabra de Dios. El estudio diario de la Biblia es el camino hacia el crecimiento; no el estudio como un deber, sino como la experiencia maravillosa de estar en comunión con Jesús. La Biblia es la carta de amor que Jesús te escribió. Es la manera de comunicarse contigo, de mostrarte los peligros del camino, de enseñarte las veredas de justicia y conducirte al destino glorioso que te tiene preparado.

Pero, al abrir el Libro Sagrado, tienes que renunciar a tus propios con­ceptos y reconocer que Dios conoce el camino mejor que tú. Este es un pro­ceso que lleva toda la vida; y Pablo llama a este proceso "crecimiento". Dice: "Así, abundéis más y más". La abundancia es el resultado de tomarse los consejos divinos en serio. Dios es un Dios de abundancia. Jesucristo declaró, en cierta ocasión: "He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia". Pero, en la vida espiritual, la abundancia no es el fruto del esfuerzo, sino de la humildad, de la dependencia de Dios y de la sumisión a las enseñanzas de la Palabra de Dios.

Hoy tienes delante de ti un nuevo día. Cada día es una nueva oportuni­dad; es una hoja en blanco, que Dios te brinda para que escribas una nueva historia; es la oportunidad de corregir los errores de ayer, de extraer leccio­nes de los fracasos y de seguir andando, y creciendo y abundando más y más.

Empieza el día con la seguridad de que el consejo de Dios se ha hecho realidad en tu experiencia. Recuerda las palabras de Pablo: "Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más".

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No te dejaré

Mayo 20
NO te dejaré


Y Elias le volvió a decir: Elíseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó. 2 Reyes 2:4.



Hay momentos tristes en la vida. Y este era uno de esos. Había llegado la hora de la partida. Partir siempre es morir un poco. Pero, mientras vivas en este mundo, muchas veces tendrás que partir. No existen sueños realizados sin partir; no hay nuevos desafíos sin partir. Sin partir, te quedas. Siempre hay nuevas fronteras que conquistar: el cielo es azul e infinito, para los que creen en Jesús.


Para Elias, había llegado la hora de partir. Y dijo a su discípulo Elíseo: "Quédate aquí". ¿Quedarse? ¡Jamás! Quedarse no es morir un poco, es morir definitivamente. La respuesta del alumno fue inmediata: "No te dejaré". De cierta manera, encontramos aquí, a Elias, como un símbolo de Jesús. En cierta ocasión, el Señor también conminó a sus discípulos: "¿Queréis iros vosotros también?" La respuesta de Pedro, como la de Eliseo, no se dejó es­perar: "¿A quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna".


Seguir al Maestro no es siempre fácil. Muchas veces, es más cómodo de­jarlo partir; quedarse, acomodarse a la mediocridad, a la rutina y a la mono­tonía de las cosas tradicionales. Pero, para vivir una vida que valga la pena ser recordada, es necesario partir. No como un enajenado, sin saber adonde ir; no como un rebelde, para desperdiciar la vida sin un rumbo; no como una hoja de papel, que el viento lleva sin dirección. Sino en pos del Maestro, andando por donde él anduvo, viviendo su vida, siguiendo sus pasos, ha­ciendo sus obras.


La vida está constituida de decisiones. Todos los días, cada hora, siempre, tenemos que decidir qué haremos. ¿Te quedarás o partirás? De esas decisio­nes, dependerá tu futuo porque, un día, cuando llegues al final de la jornada en esta tierra, habrá llegado el momento de partir o quedarte. Quedarte sig­nificará morir eternamente; desaparecer en el polvo de las decisiones equi­vocadas. Pero, partir significará ir con Jesús, a quien no lo dejaste en esta tierra, por quien viviste, a quien dedicaste la vida.


Parte hoy, pero sigue al Maestro. Con él, la derrota se transforma en vic­toria, y hasta los fracasos son solo oportunidades de aprendizaje. Y recuerda: "Elias le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vi­nieron, pues, a Jericó".

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A los que aman a Dios

Mayo 19
A los que aman a DlOS


Y sabemos que a los aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28.

Seguramente este versículo te parece familiar. Es uno de los versículos que consuela a las personas en los momentos de dolor y de prueba. El sentido principal es que nada sucede a los hijos de Dios sin un propósito. Dios sabe por qué permite que el dolor llegue a la vida del cristiano. Pero, el texto no es la simple promesa de que todo dolor tiene un propósito; si te pones a analizar el contenido con detenimiento, notarás que la promesa es solo para los que "aman a Dios".

Si le entregas el corazón a Jesús, te colocas en las manos de un Dios que jamás pierde el control de las cosas. El mundo puede estar cayéndose a pe­dazos, pero tu vida está segura porque, aunque los hijos de Dios también sufren en esta tierra, el dolor, para ellos, tiene un propósito formativo. Es en el dolor que creces; es en medio a las lágrimas que aprendes a depender de Dios.

Pero, ¿por qué sufren los hijos de Dios? Hay varios motivos. El principal, es que vivimos en un mundo de pecado, en el cual el dolor es como la lluvia o como el sol que, cuando llegan, llegan para justos e injustos. Sin embargo, en el contexto de Romanos 8, los hijos de Dios muchas veces sufren porque no saben lo que es bueno para ellos. Eso es lo que dice el versículo 26: "Y de igual manera el espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles".

Esta declaración es dramática: no sabemos pedir lo que debemos. Somos como niños: creemos que una golosina es la cosa más deliciosa del mundo; pero, la mamá sabe que necesitamos comer verdura, y nos la hace comer a la fuerza. Quedamos contrariados; lloramos. Pero un día, cuando el niño crece, no le resta otra cosa sino agradecer a la madre.

Lo mismo sucede con nosotros. Nos engolosinamos con las cosas de esta vida y, si las perdemos, creemos que Dios nos ha abandonado y no nos ama. Pero, el tiempo se encarga de demostrarnos lo engañados que estábamos.

Haz de este un día de confianza en Dios. En primer lugar, entrégale el corazón a Jesús, y después, confía en él aunque las cosas no salgan como tú lo deseas, porque "sabemos que a los aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados".

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Misericordia y Gracia

Mayo 18
Misericordia y gracia


Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:16.

Tendría seis o siete años cuando un equipo profesional de fútbol llegó a mi ciudad. Los jugadores famosos de aquella época caminaban por las calles céntricas. Todos los niños se acercaban a pedir autógrafos. Las máqui­nas fotográficas no eran tan comunes como hoy, y el fotógrafo de la ciudad estaba haciendo una fiesta particular. Yo, curioso como cualquier niño, ca­minaba al lado de la multitud; pero tímido, como siempre, no me atrevía a acercarme a jugadores tan famosos, a los que conocía solo por la radio y los periódicos.

De repente un jugador moreno, bajito, llamado Vides Mosquera, me lla­mó. Yo miré a todos lados; ¡no podría llamarme a mí! Él no me conocía, y yo era apenas un niño en medio de la multitud. Pero era verdad: ¡me estaba llamando a mí\ Jamás me olvidé de él, y siempre acompañé su trayectoria, aunque jamás jugó por el equipo de mi preferencia.

Distancias aparte, hoy pienso en el Trono de Dios, el Rey del universo. ¿Cómo acercarnos al Señor, si no somos más que pobres pecadores? No lo merecemos; no somos dignos. Todos estamos destituidos de su gloria y con­denados a muerte eterna. No hay justo ni siquiera uno; no hay quien haga el bien. No; de hecho, no tenemos ningún derecho.

Pero, el versículo de hoy afirma que podemos ir confiadamente a él. ¿Por qué? Hay dos motivos: su misericordia y su gracia. Por su misericordia, Dios no nos da lo que merecemos, que es la muerte; y por su gracia, nos da lo que no merecemos, que es la vida.

Alcanzar misericordia y hallar gracia. ¿Dónde? Junto al Trono del Señor. ¿Para qué? Para el oportuno socorro. ¡Ah! cómo necesitamos de auxilio y socorro. Hay momentos en la vida en que te sientes tan lejos de Dios; como si él te hubiese abandonado. Lo necesitas tanto; pero te sientes tan distante, y piensas que todo está perdido.

En momentos como esos, acuérdate de la promesa de hoy. Nada tienes que temer. Confía en el amor maravilloso de Dios, a pesar de tus deslices; a despecho de tus incoherencias. Dios te ama, y el Señor Jesús pagó el precio de tus rebeldías en la cruz del Calvario.

Por eso, hoy, sal de tu hogar sin temor, recordando el consejo bíblico: "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro".

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Mi gozo

Mayo 17
Mi gozo


Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Juan 15:10,11.


La promesa de Dios para hoy es: "Que mi gozo esté en vosotros". ¿Cuán­do estará el gozo de Jesús en nosotros? Cuando lo obedezcamos. Así de simple, sin complicaciones. Pero, mira cómo son las cosas, muchos piensan que los Mandamientos del Señor están allí para crearnos problemas; para quitarnos la libertad; para ser un fardo horrible de cargar. Pero Jesús viene, y dice que están allí para traernos gozo.

Explica que la obediencia a esos Mandamientos hace que nuestro gozo sea cumplido. ¿No es extraordinario?
Pero, veamos por qué la obediencia produce gozo. Es que el ser humano fue creado, originalmente, para obedecer. 

Su naturaleza original, en la Crea­ción, era obediente. Es verdad que, después de la entrada del pecado, la huma­nidad adquirió la naturaleza pecaminosa desobediente. Pero, la desobediencia es una experiencia intrusa; es fruto de la entrada del pecado. En el fondo, el ser humano se deleita en hacer la voluntad de Dios, es decir, obedecer le produce gozo.


Aunque la naturaleza pecaminosa te lleva por los caminos de la desobe­diencia y, de alguna manera, te proporciona placer, te trae, al mismo tiempo, el peso de la culpa; el fardo atormentador de saberte rebelde; el instinto de muerte que el pecado lleva consigo. Si el hombre supiese eso, hasta por un motivo egoísta de ser feliz trataría de obedecer.


Claro que quien ha nacido del Espíritu no obedece con el objeto de ob­tener gozo; obedece porque ama a Dios y reconoce su soberanía. Pero, el resultado, el fruto de eso, es una vida feliz.


Haz de este día un día de obediencia. Aunque algunos principios de la Palabra de Dios te parezcan anticuados, pasados de moda; aunque las per­sonas a tu alrededor no te comprendan o se rían de tu respeto por las adver­tencias divinas, continúa adelante, sabiendo que el Señor desea, para ti, una vida feliz y victoriosa, ¡y para eso te dejó sus Mandamientos!


Empieza tus deberes, hoy. Pero medita una vez más en las palabras de Je­sús: "Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido".

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Aún rebosarán

Mayo 9
Aún rebosarán


Clama aún, diciendo: así dice Jehová de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalén.
Zacarías 1:17.

Nada está perdido para los que se vuelven a Dios. Aunque las cosas no anden bien en tu vida, como consecuencia de tus errores, si te entregas a Dios con sinceridad de corazón, sus promesas continúan válidas.
Era eso lo que sucedía con el pueblo de Israel, en los tiempos de Zacarías. Habían abandonado al Señor.

Habían tomado el control de su vida en las propias manos; creyeron que no necesitaban de Dios, que él les restringía la libertad. Y decidieron vivir solos, como si Dios no existiese.

Lo que me impresiona del amor divino es que los dejó ir. El precio del amor es la libertad. Es lamentable que, para entender esto, muchas veces es necesario llegar a la tierra de la esclavitud. Ahora, Israel sufría las consecuen­cias de sus decisiones equivocadas. Había permanecido mucho tiempo en el exilio babilónico; Jerusalén estaba destruida, sus campos, otrora floridos y productivos, estaban abandonados y sin vida.

Pero, en medio de la humillación y el sufrimiento, los hijos de Israel se acordaron de Dios, se arrepintieron, y clamaron al Dios eterno que los había sacado de la tierra de Egipto y los había conducido, milagrosamente, hacia la tierra de la libertad. Y Dios escuchó su clamor. Un remanente volvió del exilio, y el Señor levantó al profeta Zacarías para decirles que, a pesar de todo lo que habían hecho y a despecho de cómo ellos habían pretendido arruinar el plan de Dios, sus promesas continuaban válidas.

Jerusalén todavía sería la gran capital de la fe, y en sus tierras correrían los hijos de Israel, conforme al plan original de Dios. Imagino cómo debió haberse sentido el enemigo, al comprobar que, pese a todo lo que hiciera con el objetivo de que las promesas divinas jamás se cumplieran, el plan de Dios continuaba en pie.

Pero, lo bueno es que esas promesas son también para ti. Si, por algún motivo, desaprovechaste el pasado o lo usaste para causarte dolor y destruc­ción, vuelve los ojos a Dios, en arrepentimiento, y escucha la voz del Señor: "Clama aún, diciendo: así dice Jehová de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y esco­gerá todavía a Jerusalén".

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Lloro en gozo

Mayo 8
Lloro en gozo


Y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor.
Jeremías 31:13.

La noche dura solo doce horas. En la peor de las hipótesis, catorce; o vein­te, en las tierras polares. Pero, no importa su extensión, el día viene. Es una ley de la vida. No existe noche sin día. En esta vida, todo acaba: aca­ban las cosas buenas, los momentos felices desaparecen, la juventud se va, la primavera se hace invierno... en fin. Pero, si es verdad que las cosas buenas acaban, también acaban las cosas malas.

La promesa que Dios presenta en el versículo de hoy es, justamente, acer­ca del fin de las cosas malas. El dolor, la tristeza y las lágrimas llegarán a su término. En esta tierra, parcialmente; pero, cuando Jesús vuelva, colocará un punto final a la historia del pecado. Y, consecuentemente, las lágrimas y el dolor desaparecerán para siempre.
Pero, mientras vivas en este mundo, no estarás ajeno al dolor y al sufri­miento. Cuando menos lo esperes; cuando piensas que tu sol brilla esplen­doroso y tu cielo está más azul que nunca, puede aparecer la tormenta. No te asustes. El dolor es la ley de este mundo de pecado.

A pesar de eso, no te concentres en el dolor, sino en la promesa que Dios te hace. El enemigo puede traer dolor a tu vida hoy y mañana, pero vendrá el tercer día, en que el enemigo tendrá que batirse en retirada.

Así fue con Jesús. Aquel viernes de tarde, cuando el Salvador expiró en la cruz del Calvario, el enemigo pensó que había vencido. Todo el plan de salvación parecía haberse desmoronado. El sábado, mientras Jesús reposaba en la tumba, el enemigo continuó celebrando su aparente victoria; pero, al tercer día, la muerte tuvo que dar lugar a la vida. Las entrañas de la tierra se abrieron, y el Señor Jesús resucitó victorioso. Y, con su resurrección, nos enseñó la lección más extraordinaria para enfrentar el dolor: siempre hay un tercer tiempo, en que la noche tendrá que dar lugar al día; en que el invierno se esconderá de la primavera.

¿Estás viviendo el invierno crudo de tu vida? ¿Sientes que no tienes más fuerzas para resistir? No te desesperes: Dios nunca permitirá que llegue a tu vida una prueba que no puedas soportar. Cuando la noche parezca más oscura es cuando, de un momento a otro, el sol del nuevo día despuntará en el horizonte.

Por eso, hoy, a pesar de las nubes negras que puedan oscurecer tu día, parte para enfrentar los desafíos de la vida seguro de la promesa divina: "Y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor".

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No alcanzaron

Mayo 7
No alcanzaron


Porque Dios tenía reservado algo mejor para nosotros, para que no fueran ellos perfeccionados aparte de nosotros. Hebreos 11:40.

La señora que arreglaba esta mañana mi cuarto del hotel es una emigrante, que llegó a los Estados Unidos cruzando el río. Era apenas una niña de diez años cuando, un día, sus padres decidieron trasladarse a ese país, en busca de un "futuro mejor". ¿Futuro mejor?
-Mire, señor -me dijo-, este es el "futuro mejor" que logré: ser una simple mucama.
Sus manos, llenas de callos; su rostro, surcado por arrugas profundas que la vida le abrió; su sonrisa nostálgica, adormecida en algún momento de su triste historia, describían el dolor y el sufrimiento que las circunstancias le habían impuesto.
Me quedé pensando mucho tiempo en su historia, y salí a caminar. Me ha­bía propuesto andar cinco kilómetros. Y, aunque había mucha naturaleza a lo largo de mi camino, la historia de la mucama seguía molestándome. Como si fuese mi propia historia; como si yo también, un día, hubiese "cruzado el río" buscando un futuro mejor.
A fin de cuentas, ¿no es lo que todos buscamos? ¡Un futuro mejor! ¿Lo alcanzaste? O tú también, como aquella señora, miras a tu presente y piensas que no valió la pena haber "cruzado el río".
Lo que me intriga es el hecho de que esa buena señora llega al trabajo en su propio auto, vive en casa propia, no tiene necesidad de pagar alquiler, y sus hijos estudian en la universidad del Estado. Quiere decir, de alguna manera, que su situación ha mejorado; si hubiese permanecido en su país, no tendría las cosas que ha logrado aquí. Con trabajo, es verdad; enfrentando las dificul­tades de una vida dura, sin duda. Pero, ha logrado cambiar el destino de su familia, porque la próxima generación, con toda seguridad, no padecerá más las privaciones que ella tuvo cuando era niña.
Pero, ella no es feliz. Su corazón continúa vacío, y llora la angustia de bus­car y buscar, sin encontrar. La razón es que ella limita el "futuro mejor" a cosas y comodidad material. Lo que ella no sabe es que podrá conseguir todos los bienes del mundo y continuará vacía, porque el futuro mejor no está limitado a las tristes fronteras de esta tierra. Nacimos para volar y, mientras vivamos escarbando la tierra en busca de oro, jamás descubriremos las bellezas del cielo líul y del espacio infinito.
Vuelve los ojos a Dios. Lo que realmente vale no está en esta tierra, "porque I >ios tiene reservado algo mejor para ti".

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Como una madre

Mayo 6
Como una madre


Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo. Isaías 66:13.

Todavía es temprano. Del lado de afuera veo un árbol que empieza a florecer, anunciando que el invierno se va. Al fondo, hay unos pinos tiernos, bañados de rocío; parecen llorar. Las gotas depositadas en sus ramas caen, como lágrimas de una naturaleza con nostalgia del sol. De todos modos, nada es perfecto: un sol esplendoroso que brille esta mañana completaría la belleza del paisaje. Pero vivimos en un mundo marcado por el dolor y la tristeza.
Hablando de tristeza, anoche me entregaron una carta. Es la historia de una madre que se enteró de que su hija, de apenas 16 años, estaba embarazada. ¿Qué hacer en esas circunstancias? Ella cerró los ojos, e imaginó el "escándalo" que eso significaría para la familia. Imaginó el futuro de la hija, cuyos sueños parecían desmoronarse; imaginó, también, el futuro de un niño sin padre. Ella jamás había conocido a su padre, y eso le había dejado en el alma un vacío difí­cil de llenar. Asustada, veía repetirse la historia, y no soportó. En un momento de rabia y de desesperación, obligó a la hija a realizar un aborto.
Todo parecía resuelto pero, de repente, el fantasma de la culpa empezó a atormentarla de día y de noche. Verdugos implacables la perseguían en sus noches de pesadilla, mientras ella corría con las manos ensangrentadas, ator­mentada por el grito de un niño sin rostro que le gritaba: "Abuela, no me mates, por favor". Ella escribió, deseando la muerte.
Nada justifica lo que hiciste, llevada por la desesperación. El pecado es pecado justamente por eso: te hace creer que es la solución, pero te hunde en la arena movediza de tus tormentos interiores. Pero, no quiero hablarte hoy de lo que hiciste o no hiciste. No quiero decirte que, cuando una vida surge en el vientre de una mujer, no es por causa del error de los seres humanos sino pol­la voluntad de Dios. Y si él lo permitió es porque, aunque tú no lo entiendas, Dios tenía un plan maravilloso para esa vida.
Lo que quiero decirte es: el Señor Jesús ya pagó el precio de tu culpa. Me­reces lo peor por lo que hiciste, pero Jesús asumió tu culpa y pagó el precio con su vida. A ti solo te resta aceptar o rechazar. Aceptar, porque el perdón no puede ser otorgado a nadie por la fuerza, o rechazar porque eres libre, incluso para decir no.
No salgas hoy de tu casa sin meditar en la promesa bíblica: "Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén toma réis consuelo".

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El os dio Vida

Mayo 5
El os dio vida


Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados. Efesios 2:1.

Monte Olivo es una pequeña ciudad, en el interior del estado de Carolina del Norte. Una ciudad sin mucho atractivo, simple, llena de sembradíos de frijoles y tabaco. Aquí hay una iglesia hispana, conformada mayormente por guatemaltecos; gente también simple, pero de un corazón del tamaño del mundo. El otro día, almorcé en la casa de uno de ellos, y me contó la historia de su conversión. En aquella época, él ganaba trescientos dólares por semana, y con eso mantenía a la esposa y a los dos pequeños hijos; quiere decir, inten­taba mantenerlos porque, además de ser una pequeña cantidad de dinero, lo gastaba todo con los amigos y la bebida.
Un domingo, llegó a casa al anochecer. Había recibido su pago el viernes de tarde, y se había puesto a beber con los amigos hasta el domingo. El lunes de mañana despertó para ir al trabajo: el cuerpo adolorido, el sabor amargo de la derrota en la boca, y la resaca sacudiéndole el alma. Al salir de casa, notó que los hijos y la esposa no tenían qué comer. La esposa simplemente lo miraba, y no decía nada; estaba ahí, en un rincón de la sala, como resignada ante esa tris­te situación. Los niños pequeños, observándolo asustados, como si mirasen a una persona extraña que nada tenía que ver con ellos.
-Pastor -me dijo el muchacho, con los ojos llenos de lágrimas-, no pude resistir más. Sentí como un puñal clavado en mis carnes. ¿Qué estaba haciendo yo con esa mujer y con esos niños? Salí como un loco, corrí por las calles de la ciudad, entré en una iglesia y me entregué a Jesús. Ese día, llegué tarde al trabajo; pero, ese día, mi vida cambió definitivamente. Dios obró un milagro en mi vida.
Almorcé con esa linda familia. ¡Un hogar feliz! Los ojitos de los niños bri­llaban de emoción, miraban a su padre como si fuese un gran héroe; la esposa también lo miraba con ojos llenos de amor y de admiración. Y yo, a un lado de la mesa, sentía el corazón apretado al ver un milagro más, realizado por Jesús.
Después me fui, andando... pensando en la vida. Alcé los ojos al cielo, y me pareció ver el rostro de Jesús preguntándome: "¿Crees que valió la pena haber muerto en la cruz?"
Nada dije. Apenas sonreí, y continué andando. A lo largo de mi vida, he visto tantos milagros como este. ¿Qué puede hacer el ser humano frente a ese poder? Nada; a no ser someterse y aceptarlo. Por eso, hoy, antes de iniciar tus actividades diarias, recuerda que "él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados".
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¿Amor? (matutina)

Mayo 4
¿Amor?


El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. 1 Juan 4:8. 

Esta semana recibí la carta de una joven cristiana que mantiene una rela­ción amorosa con un hombre casado. Es una carta dolorosa; ella siente que lo ama, pero que ese amor la está destruyendo.
¿Qué podría decirle? ¿Que Dios está triste? ¡Claro que lo está! Pero, la tristeza divina no nace únicamente del hecho de que ella esté transgrediendo un Mandamiento, sino de la realidad dolorosa de que ella no es feliz.
¿Sabes? El amor es algo que Dios te confió con la intención de que con­temples las facetas desconocidas y lindas de la vida; para que te sientas viva, para que veas el mundo más lleno de colores y de melodías. Porque el AMOR viene de Dios: "Dios es amor" declara Juan. Pero, cuando el amor es confun­dido con la pasión, se convierte en un motivo de infelicidad y te sumerge en el caos interior.
Pensemos más en la chica de la carta. Ella no se siente bien destruyendo a una familia ni hiriendo el corazón de Dios. Tanto es así que me escribe pidiendo ayuda. Pero, no se da cuenta de que cayó en la red de un hombre casado, y está condenada a sufrir grandes decepciones y a perder el respeto por sí misma. Porque, en esta vida, nadie es valorado si no se valora a sí mis­mo; y nadie puede ser feliz si no está en paz con Dios y consigo mismo.
¿Qué es lo que lleva a esta muchacha a conformarse viviendo un "amor" que no es tal? ¿Puede alguien como aquel "novio" no traicionarla a ella un día, como hoy está traicionando a la esposa? ¿Se puede confiar en un hombre así?
Ella manifiesta que comenzó esa relación porque tenía miedo de quedar­se sola; pero ¿acaso relacionarse sentimentalmente con una persona casada no implica que ella continuará sola, compartiendo apenas los pocos mo­mentos que le sobren a él?
Cuando la soledad te abruma o te entristece, y te hace sentir que hay algo de errado en ti, es inútil que te aferres de alguien que te va a usar como un objeto, haciéndote sentir aún más triste... y más sola.
Podría haber respondido esta carta diciendo a esa joven que ponga pun­to final a esa situación, porque esa no es la voluntad de Dios. Pero sé que Dios no es un Dios egoísta, que solo está preocupado en que sus hijos lo obedezcan, sino que él es un padre amoroso, que desea su bienestar.
No continúes hiriéndote, solo por "miedo de sentirte sola"; a fin de cuen­tas, la soledad no es apenas una condición: es un estado de ánimo. Viviendo sin Jesús, puedes sentirte sola, a pesar de tener la compañía de otra persona.
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¡Pruebas, pruebas! (Matutina)

Abril 28
¡Pruebas, pruebas!

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas. Santiago 1:2.

Hacía algunos meses que Maira olvidaba las cosas. Su mente retroce­día, acelerada, hacia algún lugar donde ella se escondía. En ese extraño mundo, el olvido no tenía importancia; ni los recuerdos. Tampoco la alegría o la tristeza. Aquel universo estaba construido de vacío. Ella andaba, aparen­temente insensible, por los rincones de su propio universo.

Pero, la familia sufría. La tenían como referente. El esposo había fallecido varios años atrás, y ella era la matriarca. Verla en ese estado los dejaba como un día sin sol.

Fue en esas circunstancias que la hija mayor me buscó, con una pregun­ta: ¿Por qué Dios no la hace descansar? ¿Qué sentido tiene la vida, en ese estado?

¡Pruebas! Las encontramos todos los días. El versículo de hoy usa la ex­presión "diversas pruebas". El enemigo viene por todos los lados: es la pér­dida del empleo; un divorcio doloroso; el descubrimiento de que el hijo está en las drogas; la traición del mejor amigo; las injusticias del trabajo, en fin...

Pero, Santiago dice que debes alegrarte cuando te veas atravesando el valle de las pruebas. ¿No es demasiado pedir? En el original griego, la palabra "pruebas", peirasmos, literalmente significa estado de lucha mental en el que te ves inclinado a separarte de Dios.

Tal vez, esto lo explique todo. Cuando el enemigo coloca pruebas en tu camino, su objetivo es separarte de Dios; hacerte creer que es el Señor quien te envía el dolor. Si en ese momento te vuelves en contra de Dios, el enemigo ha logrado su objetivo. Pero, si en el instante de la prueba te vuelves hacia Dios, entiendes que el dolor puede constituir un instrumento de edificación.

Todo depende de la perspectiva de la realidad. El presente estado de cosas no es el fin; no juzgues las actitudes divinas cuando el trabajo aún no ha sido terminado. Si tu visión del mundo es materialista, las pruebas son motivo de tristeza. Si es espiritual, serán motivo de agradecimiento y de gozo. Es en el fuego que el oro se refina. ¡Y tú eres oro!

Por eso hoy, a despecho de lo que puedas estar viviendo, levanta las ma­nos al cielo y agradece. Después, parte confiado para enfrentar las dificul­tades de la vida. Porque, "hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas".

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Fidelidad (matutina)

Abril 27
Fidelidad


El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Lucas 16:10.

Nando despierta sudoroso. La noche le ha parecido interminable. Los vidrios de la ventana están húmedos, como su cuerpo, y el recuerdo de sus sueños lo perturba.

Siempre le ocurre lo mismo. Últimamente, tiene la sensación de que las cosas no andan bien; su mundo interior se desintegra. Trata de buscar la razón en el archivo de su memoria, y no encuentra un motivo lógico para sentirse de ese modo.

Pero, Nando conoce la razón. Intenta racionalizar su conducta; sin embargo, su inconsciente no acepta sus argumentos. Viene informando un gasto que no realiza, y la empresa le paga por eso. Es una cantidad pequeña; nadie, jamás, descubrirá lo que hace. Pero, a partir de aquel instante, siente que las cosas no se ajustan dentro de él.

El versículo de hoy habla de la fidelidad en las cosas pequeñas. Detalles diarios que nadie percibe; gotas insignificantes que caen de la canilla mal cerrada y que, a fin de mes, elevan la cuenta a una cifra escandalosa.
No te cuides solamente de los grandes errores. La vida está compuesta de detalles. Son las partículas que componen la materia; diminutas células que mantienen el cuerpo vivo. Al final de la historia, muchos entenderán que corrieron la carrera equivocada. Se cuidaron de las fieras gigantescas, y permitieron que bacterias insignificantes invadiesen su cuerpo.

Las pequeñas victorias te preparan para las grandes conquistas; las insig­nificantes derrotas son la sábana que envuelve el cadáver del gigante vencido. Lo dijo el propio Señor Jesús.

Pide a Dios que te ayude a ser fiel en los detalles diarios. Apaga la luz que no usas; guarda la tinta que sobró; cambia la lámpara intermitente; cierra la puerta; arregla el techo que gotea... en fin. Abre los ojos a las cosas pequeñas, y espera la victoria en lo trascendental.

Haz de este día una jornada especial de detalles. Dale importancia a lo común. Acaricia a las personas amadas, saluda al vecino, arregla la posición del florero, ordena tu escritorio... Porque "el que es fiel en lo muy poco, tam­bién en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto".

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Resistir (Matutina)

Abril 26
Resistir


Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Efesios 6:13.

Octavio me miraba con sus ojos entornados, de fracaso e impotencia. Casi llegué a ver las telarañas que escondía en su mundo de frustraciones. En esa mirada, no había alegría; solo pesimismo. Eran dos baúles de promesas incumplidas.

He encontrado mucha gente como Octavio; para ellos, la victoria espiritual es solo un sueño. Nadie diría que se conformaron con una vida fracasada; ¡no! Luchan y se esfuerzan. No aceptan ser esclavos de vicios y de hábitos destructivos. Quieren proferir el grito de libertad; pero, cuanto más se esfuerzan, menos logran.
El versículo de hoy enseña el secreto de la victoria. El apóstol desarrolla el pensamiento a partir del versículo 10. Advierte que nuestra lucha no es contra un ser humano, sino contra un ser espiritual maligno. Lo llama "Príncipe de las tinieblas, en las regiones celestiales".

Después, concluye: "Por tanto"; en otras palabras: "Ya que es así". Ya que el enemigo que enfrentas todos los días es un ser espiritual, toma la armadura de Dios con el fin de que puedas resistir en el día malo. No te atrevas a luchar en solitario.

¿Sabes lo que es la "armadura de Dios"? El propio Dios, su compañeris­mo diario, su Espíritu en ti. Aquí, volvemos al mismo punto: el cristianismo es vida de compañerismo diario con Jesús. Vivir la vida normal, pero dirigiendo los pensamientos hacia Jesús: al comprar un vestido; al ingresar en un restaurante; en la escuela o en el lugar de trabajo. Tener siempre la con­ciencia de que el Señor Jesucristo está a tu lado. Desde que amanece hasta que anochece; en invierno o en verano. Cada instante.

Hoy puedes iniciar esta experiencia de comunión con Jesús. Si lo haces, te sentirás más seguro ante las dificultades y en la hora de la tentación. En vez de concentrarte en ti mismo y tratar de ser un vencedor con tus propias fuerzas, le contarás a tu amigo, al lado, lo que estas sintiendo; y, maravillosa­mente, verás cómo desaparece la tentación y te vuelves victorioso.

"Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes".
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Recompensa

Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.
Mateo 10:42.




Soledad, miedo y muerte. Las tres figuras patéticas y sin forma definida, que siempre lo persiguieron, bailaban frente a él. La danza sinuosa y envolvente de la soledad se acercaba, como felino al acecho. El ruido estrepitoso del miedo lo asustaba terriblemente. Y la voz chillona del teléfono, que llamaba sin cesar, le pareció la risa de la muerte.

Miró hacia todos los lados. Nada halló; solo su terrible soledad, la angustia de su miedo y la proximidad de su muerte. Agonizaba. A su lado, el frasco va­cío de barbitúricos completaba el cuadro macabro, mientras el teléfono seguía sonando con insistencia.

Rita, la vecina de enfrente, lo había visto deprimido como nunca, aquella tarde.
-Creo que la única salida para mí es la muerte -le había dicho Piero, al despedirse.
Por eso, ella se propuso llamarlo de hora en hora.

El hombre calmo, de mediana edad y canas prematuras, le respondió dos veces. Había un lamento de dolor del alma en su voz. La tercera, no respondió. Rita insistió. Su instinto de mujer le decía que aquel hombre corría peligro y necesitaba de ayuda. No era de pan ni de ropa; era de ánimo, de una palabra de apoyo, de un hombro amigo.

Al ver que el hombre no respondía, Rita llamó a la policía y corrió a la casa de Piero. Empujaron la puerta, y lo encontraron en el piso de la sala, gimiendo y esperando el minuto fatal. El "vaso de agua fría" que Rita ofreció aquel día a un vecino deprimido fue su gesto de preocupación por un alma herida.
Todos los días, en todos los lugares, hay gente necesitada de amor; gente que vive el drama de la soledad y huye de sí misma. Nada cuesta detenerse, escuchar un poco, intentar entender el dolor ajeno y extender la mano.

Hoy es un día que podrías usar para mirar más allá de tus propios proble­mas. Es verdad que puedes estar viviendo el momento más difícil de tu his­toria, pero es verdad, también, que siempre existe, cerca de ti, gente que sufre más.

Haz de hoy un día de amor práctico. Ofrece un vaso de agua al cansado peregrino, porque: "Cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa".

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Solo un niño

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuer­te, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Isaías 9:6.


Fénix es tierra desértica; parece no tener vida. Pero, la gente habita en ella como en cualquier otra ciudad del mundo. Las palmeras que la adornan son la prueba más grande de que el ambiente puede ser hostil pero, si tus raíces buscan el agua de la vida, no hay sol capaz de destruirte.

Fue en Fénix que conocí a Esteban. Semidestruido, sin ganas de vivir. Demasiado joven para creer que había llegado al fin de la línea; treinta años. ¡Quisiera yo tenerlos, para hacer tantas cosas que nunca salieron del mundo de mis sueños!


¡Sueños! Esteban no los tenía; creo que nunca los tuvo. Había crecido en un ambiente hostil, cruel, injusto. Maltratado desde pequeño por el padras­tro, pensaba que sobrevivir ya era bastante. Pero, sufría; no era feliz. Nadie puede serlo, con el potencial escondido en lo recóndito del alma. Tenía alas y no volaba. Entonces, las alas lo estorbaban.


-El mundo no necesita de mí -se quejó-. Creo que, si hoy desapareciese, nadie sentiría mi ausencia. No soy nada. Ni siquiera terminé mis estudios.


Los cinco nombres de Jesús que el texto de hoy presenta y expresan su sabiduría, grandeza, poder y eternidad. ¡Atributos extraordinarios! Y todo eso nos fue dado en la persona de un niño.


¿Puede haber algo más simple, pequeño, insignificante y dependiente que un niño? Así son las cosas en el Reino de Dios. Todo nace pequeño, aparentemente insignificante. Pero trae, dentro de sí, un potencial de pro­porciones gigantescas. Nace para ser grande, trascendental y significativo.


Esteban vivía más preocupado con lo que no era que con lo que podía llegar a ser si colocaba su vida en las manos de Jesús. Ignoraba que Dios es el Dios de las cosas pequeñas que se hacen grandes.


Una simple vara, en la mano de Moisés, abrió el Mar Rojo. Una semilla de mostaza se transforma en árbol; en sus ramas, las aves del cielo hacen sus nidos. Un poco de sal transforma el sabor de la comida. Una cantidad insignificante de levadura modifica la estructura de la masa. Cinco panes y dos pequeños pececillos alimentan una multitud hambrienta.


¿Por qué no podría tomar la vida de un joven de treinta años y sacudir al mundo?


En el nombre de Dios, ¡despierta, Esteban, o como te llames! Y recuerda que "un niño nos es nacido y su nombre será Admirable".
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